Leyendo el libro “El Mito del Líder” de Santiago Álvarez de Mon, se abrieron una serie de ideas que permitieron la reflexión, en su obra nos menciona que asociamos el concepto de liderazgo con personas que han tenido impacto en la realidad humana y desafortunadamente no hacemos conciencia del enfoque de cada persona: la capacidad para comunicar, llamar y retener la atención, provocar y alimentar los ánimos, un talento para influir en las personas así como una condición para movilizarlas.
Por lo anterior con frecuencia hablamos de liderazgo en personas como Stalin, Gandhi, Hitler, Luther King, La Madre Teresa, La Princesa Diana por mencionar algunas.
La connotación de liderazgo es tan vasta, tan adaptable y justificable que en ocasiones cuesta trabajo utilizarla con un fin adecuado.
La palabra líder tiene un enfoque hasta cierto punto elitista, se relaciona con una persona especial, con carisma y que tiene la capacidad de ser seguido. Con frecuencia está la pregunta: ¿El liderazgo es una condición nata? La respuesta es que el humano tiene la capacidad de desarrollar aquello que es de relevancia para él, por lo tanto, el liderazgo es una condición que la persona labra con una intención favorable, de crecimiento o de desarrollo, no es un título sino un reflejo de la autenticidad. Cuando no se da, aparece el manipulador, aquél que identifica las carencias de las personas y en consecuencia las utiliza en su propio beneficio. De aquí podemos encontrar las diferencias entre personajes como Luther King o Hitler.
En su libro Álvarez de Mon menciona que el líder no busca quien lo siga sino personas pensantes que eligen cooperar, importante mencionar que la inspiración se debe a la coherencia en su actuar y quien lo escucha lo hace por su propia convicción. Por otro lado, el manipulador busca mover a las personas con fines personales, minimizando su voluntad.
Otro tema relevante que menciona es que el líder se conoce, identifica alcances y limitaciones, mientras que el manipulador oculta las limitaciones y las carencias para esconder sus intenciones.
El liderazgo se mueve con la verdad y los hechos, propicia el desarrollo de las personas mientras que el manipulador seduce, amenaza o culpa, dice lo que se quiere oír para hacer lo que él persigue.
En el liderazgo la escucha es básica, busca comprender y da lugar a la reflexión y el manipulador aturde, confunde o maneja la narrativa a su conveniencia.
El líder propicia la flexibilidad, la agilidad y la resiliencia, el respeto, la complementariedad y el manipulador utiliza a las personas hacia el logro de sus propias intenciones.
El líder ve a las personas como humanos con potencial y el manipulador como un recurso para su interés. El actuar del líder evidencia valores.
Con base en lo anterior, podemos concluir que tanto el liderazgo como la manipulación impactan directamente en el desempeño de las personas, siendo favorable y positivo cuando el primero y cuestionable el segundo.

El liderazgo es un factor clave de permanencia y crecimiento
La persona al tener un enfoque positivo y favorable facilita la interacción humana, se alinean conductas y en consecuencia resultados, la comunicación tiende a fluir de manera objetiva, honesta y transparente, se minimizan los cotos de poder y en consecuencia la efectividad personal y organizacional se mejora.
La conducta de la persona “se ve y se siente”: la integridad y resiliencia de la persona marca pautas y comportamientos favorables, de apoyo y de desarrollo, refuerza la cultura de la mejora continua en todos los aspectos, poniendo al centro a la persona y por consecuencia a toda la organización.
Al fomentar programas donde las personas aprenden de las personas, la organización promueve que las competencias se desarrollen, dando lugar a una gestión de negocio integral articulada y constante.
Al acompañar a las personas en ambientes de respeto, armonía y gozo, la probabilidad para crear confianza y permanencia crece, la experiencia se consolida y se fortalece el sentido de pertenencia.
Asimismo, se articulan y accionan los principios estratégicos de la organización como principios guía, atendiendo al mercado y alineando a la organización, lo que propicia que el talento personal se articule y se desarrolle el valor organizacional.
A mayor credibilidad en las personas mayor confiabilidad y en consecuencia mejor ambiente laboral, comunicación bidireccional clara y honesta, acuerdos en tiempo, en forma y con sentido hacia la creación de valor interno que se refleja en el cliente.
Como agente de cambio
Al tener claridad sobre lo que el liderazgo implica, se elimina la presión hacia la perfección –que paraliza— y genera la responsabilidad del desarrollo y mejora continua –que moviliza—. El liderazgo deja de ser un pedestal y se convierte en una condición de ejemplo, de servicio y de articulación.
La integridad de la persona lo lleva a reconocer los alcances y limitaciones propios y trabajar en ellos, se mantiene en un aprendizaje permanente, impulsando a que su equipo también lo haga; el ejemplo es la mejor manera de acompañar y formar; no se gestiona con el discurso, se hace con la congruencia, la consistencia y la coherencia.
Para ser agente de cambio se necesita de inicio generar confianza en el equipo para que al integrarla, genere cadenas de valor que lleguen hasta el cliente. Para ofrecer al cliente una experiencia de excelencia es fundamental que la persona la viva dentro de la cultura organizacional, la cual cuida a las personas desarrollando la agilidad y flexibilidad necesarias para adaptarse con mayor facilidad. La permanencia y la satisfacción del cliente son consecuencia natural de una cultura interna sana, alineada y articulada.

Alineación entre estrategias y personas
Los principios estratégicos no son cuadros en la pared, son el hilo conductor que une a las distintas áreas de la organización en un esfuerzo alineado pensado en la satisfacción de las personas, del cliente y los resultados operativos favorables en la organización.
La ventaja competitiva de una organización reside en su capacidad para balancear tres aspectos fundamentales:
Conocimiento Tácito y Explícito: El valor está tanto en los manuales –explícito: lo tangible—, así como en la experiencia y el “olfato” de las personas –tácito: lo intangible–, es fundamental articularlos para orientar acciones hacia la satisfacción del cliente.
Capacidad Técnica e Interacción Humana: El talento técnico es el piso, pero la habilidad de interacción humana es el techo. Un líder efectivo equilibra la competencia técnica con la inteligencia humana.
Efectividad en la Interacción: El talento individual es el punto de partida; la interacción efectiva entre personas con talento es lo que genera resultados extraordinarios, dando lugar a la diferenciación y “a estar en la mente del cliente”.
Al final, la trascendencia de una organización no depende solo de sus productos o servicios, sino de la solidez de su cultura organizacional. Un liderazgo que se reconoce humano, que acompaña el desarrollo del talento de las personas y articula las acciones hacia el “Fin Común”, construye una ventaja competitiva difícil de replicar: una organización donde las personas quieren estar y donde los clientes desean quedarse.
Un producto puede ser copiado, una cultura organizacional, bien sustentada es única.

Competencias humanas
Con frecuencia escuchamos hablar de las habilidades blandas, este concepto puede ser de mayor alcance cuando nos referimos a las competencias humanas, condición que un líder necesita desarrollar para lograr que las personas se desempeñen de manera integral, balanceando los aspectos técnicos y los de interacción, enunciando las siguientes:
Capacidad de comunicación: va más allá de tener un vocabulario y cultura amplios, se busca la generación de confianza entre las personas, se propicia el intercambio de puntos de vista con la intención de llegar a acuerdos de beneficio mutuo, alinea y articula a las personas en la organización y se refleja ante el cliente.
Aprendizaje y desarrollo: condiciones que se alcanzan con la voluntad por convicción para capitalizarlos en acciones favorables y de bien hacia una mismo, hacia la comunidad, hacia la organización y el mercado, logrando una cultura organizacional de referencia.
Pasar de la empatía a la simpatía: ponerse en los zapatos de la otra persona hoy día no es suficiente, es necesario atender, entender y actuar en consecuencia hacia el bienestar de las personas y los resultados que se persiguen.
Resiliencia: capacidad para recuperarse ante situaciones desfavorables orientado a la mejora continua, buscando y corrigiendo la causa raíz de la situación.
Curiosidad y reto: desafiar constantemente el “statu quo”, con el fin de dar lugar a la creatividad y la innovación sin sesgos.
Valores: tener claridad y compromiso para vivirlos desde el enfoque integral de la persona y del «bien estar».
Evaluación del potencial de las personas
El talento integral de las personas, desde el acompañamiento del líder se enfoca en «el conocer, el ser, el querer y el hacer».
Identificar el potencial y el desempeño de la persona, dialogar acerca de lo prioritario y definir acciones concretas, con recursos y tiempos para llevar a cabo las acciones necesarias y acordadas, es un compromiso del líder, así como la valoración del conocimiento humano, técnico, tácito y explícito en su interacción con otras personas orientado al desarrollo integral.
La retroalimentación objetiva, honesta, basada en hechos reales en tiempo y forma enfocada a la mejora y no a la represalia ni al castigo es un compromiso más de líder, asimismo, el plan de desarrollo basado en los hallazgos y necesidades de aprendizaje, aplicación y resolución de condiciones que pueden limitar la acción y el logro de resultados.
Para valorar, un líder, necesita conocer y para conocer, es necesario interactuar y convivir pensando en la persona y sus talentos a desarrollar, en lugar de ver un recurso humano, las personas no son objetos, de ahí la diferencia en el acompañamiento y la relación.
Concluyendo
Actualmente el liderazgo se requiere enfocar en la plenitud de la persona que busca la articulación para lograr ventajas competitivas únicas, se deja la gestión en “silos” y se enfoca hacia la de “vasos comunicantes”.
El líder se caracteriza por el respeto y acompañamiento de las personas en donde el diálogo es el hilo conductor de las situaciones y las condiciones a ser atendidas.
Al lograr el balance entre las competencias humanas y los aspectos técnicos desarrolla ambientes en donde las personas “quieren estar, mejorar y aportar”.
El líder respeta y es respetado, promueve el «bienestar» y el desarrollo de las personas, la organización y en consecuencia la satisfacción del cliente.
El liderazgo implica humildad y deseos de superación permanentes.
