La importancia de la resiliencia en las organizaciones y cómo crear equipos resilientes

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En algún momento de la vida, las personas han vivido situaciones que ponen a prueba la forma en que se desempeñan, se interrelacionan o trabajan con otras personas. Un proyecto que cambia de rumbo de manera inesperada, enfrentar una presión por resultados, una condición que obliga a replantear posiciones y decisiones o una reorganización que modifica la dinámica de la interacción humana, pueden afectar de manera desfavorable.

Estas situaciones forman parte de la vida, no todas las personas, los equipos y las organizaciones reaccionan de la misma forma, hay quienes se paralizan, se tensan o pierden coordinación, otros, se reorganizan, aprenden de la situación y continúan avanzando, estos últimos son los resilientes.

Podemos definir la resiliencia como la capacidad que las personas, los equipos y las organizaciones tienen para adaptarse favorablemente a situaciones adversas, de crisis o de cambios drásticos.

Es importante mencionar la diferencia entre la resistencia y la resiliencia, el roble es resistente, es capaz de oponerse a una fuerza sin cambiar, es rígido, sin embargo, si la presión es muy grande acaba por quebrarse. El bambú es resiliente, se adapta a la capacidad de fluir con el cambio y a la nueva realidad sin perder su esencia al ser flexible.

En ocasiones se interpreta el concepto de resiliencia como la capacidad de “aguantar” o “resistir”, en realidad la resiliencia implica algo más allá que soportar la presión o las condiciones desfavorables, es aprovechar las condiciones como punto de partida para mostrar una actitud que permite retomar la realidad y trabajar en ella para atender y resolver favorablemente.

Al comprender lo que la resiliencia implica, entendemos que las dificultades se pueden afrontar de manera diferente, las personas, los equipos y las organizaciones encuentran la manera de adaptarse, de recuperar la armonía y seguir construyendo relaciones humanas favorables, resolviendo y logrando los objetivos planteados. Se analiza, se diagnostica y se aprende para gestionar favorablemente la situación, con la intención de continuar avanzando. 

Cuando las condiciones cambian — algo que ocurre cada vez con mayor frecuencia las personas, los equipos y las organizaciones resilientes logran tres aspectos relevantes:

 

            Entienden lo que pasa

            Reorganizan acciones y esfuerzos

            Avanzan manteniendo el sentido de su responsabilidad y compromiso

 

La resiliencia se puede poner en práctica cuando surgen factores en la organización como:

Presión, ambigüedad en objetivos o en prioridades, desconfianza y comunicación limitada por mencionar algunos.

Lo anterior puede revelar aspectos desconocidos en la dinámica personal, del equipo y de la organización, al incrementarse estas situaciones aparecen condiciones que antes no eran evidentes, la forma en que las personas se comunican, cómo se toman decisiones o cómo reaccionan ante la incertidumbre. 

Se presentan consecuentemente dos escenarios: el reactivo y el resiliente.

En el primero, se pueden dar casos de silencios incómodos, supuestos sin fundamento, decisiones apresuradas o búsqueda rápida de responsables. 

En el segundo, se dialoga con apertura, se comprende la situación y sus causas para buscar alternativas viables de solución; se logra una perspectiva más amplia de la situación y en consecuencia las posibilidades de encontrar soluciones factibles también aumentan.

Los equipos resilientes tienen un elemento fundamental: la confianza que se

construye en el día a día, a través de pequeñas interacciones: escuchar con atención, cumplir compromisos, reconocer el trabajo de otros, pedir y brindar ayuda cuando se requiere. Cuando estas prácticas se vuelven habituales, el equipo crea un ambiente donde las personas se sienten parte de un mismo esfuerzo; en ese ambiente es más efectivo afrontar juntos los momentos difíciles.

Otra condición relevante de los equipos resilientes es su disposición a aprender de lo que ocurre, especialmente cuando las cosas no salen como se esperaba.

En lugar de ver los errores como fracaso, estos equipos los utilizan como oportunidades para comprender mejor su forma de diagnosticar, analizar, planear y actuar.

Después de un proyecto complejo o de una situación desafiante, los equipos que son resilientes pueden preguntarse:

            ¿Qué funcionó bien en nuestra manera de cooperar?

            ¿Qué podríamos hacer diferente la próxima vez?

            ¿Qué aprendimos de esta experiencia?

            ¿Qué nos consolida como equipo?

           ¿Cuáles son mis aportaciones?

Este tipo de reflexión permite que el equipo vaya ajustando su forma de trabajar con el tiempo. Poco a poco, desarrolla una mayor capacidad para responder a situaciones nuevas o inesperadas.

Aunque la resiliencia en la organización tiene una dimensión plural, cada persona contribuye a ella de manera concreta.

La disposición para escuchar antes de juzgar, la voluntad de compartir información relevante, la capacidad de mantener una actitud constructiva en momentos difíciles o la apertura para aprender de los errores son comportamientos que influyen directamente en la fortaleza y la consolidación de un equipo resiliente.

Cuando las personas son resilientes, se genera una dinámica que favorece la adaptación, el aprendizaje y la mejora continua en lo personal y en lo grupal. La resiliencia organizacional no depende únicamente de grandes estrategias o programas formales; se construye por medio de pequeñas decisiones cotidianas con tono humano, generando ambientes armónicos que propician y desarrollan el respeto a la persona, así como el sentido de la responsabilidad que se tiene.

En medio de cambios o presiones, es fácil concentrarse en las dificultades inmediatas a resolver. Las personas y los equipos resilientes suelen mantener una perspectiva más amplia: recuerdan su razón de ser y la de su trabajo así como el valor que aportan a la sociedad y la organización. Esta claridad de propósito ayuda a orientar las decisiones y a mantener la motivación incluso cuando las circunstancias se vuelven adversas.

La resiliencia se construye con el tiempo, por medio de actitudes y prácticas que fortalecen la confianza, el aprendizaje, la cooperación, la satisfacción y la mejora continua.

Si reflexionamos sobre:

¿Cómo reaccionamos en nuestro equipo cuando algo no sale como se esperaba?

¿Qué conversaciones nos ayudan a encontrar soluciones cuando aparecen adversidades?

¿Qué prácticas cotidianas fortalecen nuestra capacidad para ser resiliente?

Podemos concluir que la resiliencia no es solo una respuesta a los desafíos y la adversidad, es la forma de seguir aprendiendo y creciendo juntos a lo largo del camino.

Nos gustaría conocer qué piensas al respecto.