Liderazgo en tiempos de reto: Navegar en la incertidumbre manteniendo el rumbo

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En la era de la incertidumbre, podemos decir que la estabilidad no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de las personas y del equipo para mantenerse operando con efectividad mientras las cosas cambian o se ajustan.

Se dejó atrás ese mundo en donde las crisis eran eventos aislados, hoy, la gestión de crisis en múltiples aspectos y en especial en las organizaciones es una competencia básica de adaptación.

¿Cuál es la diferencia en las personas que logran que su equipo salga fortalecido comparado con aquellas que naufragan?

La respuesta está en el liderazgo de la persona que reconoce las condiciones, las analiza, las prioriza y las gestiona incrementando el impacto de la confianza, la comunicación, la tranquilidad, el trabajo en equipo, la agilidad y la flexibilidad, de forma interdisciplinaria teniendo en mente al cliente y la permanencia del negocio en los mercados.

El líder como amortiguador de la incertidumbre

Ante situaciones de emergencia, el cerebro humano entra en modo de supervivencia, la toma de decisiones bajo presión además de ser rápida debe ser profundamente humana. La persona efectiva y objetiva actúa como un regulador si mantiene la calma, la objetividad y claridad; el equipo lo percibe y se alinea con la intención de salir adelante y mantenerse en el rumbo.

El manejo adecuado de la incertidumbre comienza con la objetividad y transparencia necesaria, las personas generalmente valoran más una verdad incómoda que una mentira reconfortante.

Una persona que comunica con su ejemplo y comenta: “No tenemos claridad para todas las respuestas, pero tenemos un plan para encontrarlas en tanto tiempo”, genera más confianza y compromiso que aquel que intenta proyectar una invulnerabilidad artificial.

Menos es Más

Es un principio que definió el arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe, al buscar eliminar lo superfluo destacando lo funcional, la estructura y la elegancia, sugiriendo que lo simple genera un impacto mayor.

En contextos que presentan retos, la parálisis por análisis es un aspecto que impacta desafortunadamente en las decisiones y en la operación de las organizaciones, de aquí la importancia de diagnosticar, planear, ejecutar y validar. Ante la falta de claridad y foco aparece el caos y en él la objetividad y la prioridad no existen.

Al tener la claridad, la objetividad y la prioridad es básico tener dos o tres acciones concretas, bien analizadas, que sean viables en todo sentido, comunicadas y entendidas por las personas para que interactúen de forma alineada hacia ese fin o fines que permiten la adaptabilidad necesaria y levantan el estado de identificación y ánimo en las personas.

Otra consideración de impacto: la comunicación en tiempo, forma, claridad y enfoque hace que las personas sepan lo que es necesario hacer, las razones para hacerlo y los beneficios que de ello se esperan.

Las prioridades cuando se tiene una situación crítica son vitales, de ahí la trascendencia de tener claro lo importante y lo urgente, tomando en cuenta la variable crítica para poder clasificar la situación y actuar de manera adecuada.

En entornos como los que hemos venido comentando, la resiliencia –capacidad de recuperación ante condiciones desfavorables—, es un aspecto que debe estar presente para aplicarla favorablemente ante la incertidumbre y con ello retomar las acciones y condiciones necesarias enfocadas para lograr lo que se acordó.

La efectividad –hacer lo correcto y bien—, en ese orden y en consecuencia la productividad son elementos de refuerzo positivo y favorable, dan lugar al eustrés –estrés que ayuda, apoya y brinda energía— para seguir adelante promoviendo el bienestar de las personas y del equipo apoyando a otros equipos hacia el logro de lo acordado, lo anterior genera sentido de identidad y en consecuencia de pertenencia.

Un hecho es no poder resolver situaciones o condiciones nuevas con conocimientos fuera de tiempo, por lo que hoy día desaprender para reaprender es otro aspecto de relevancia en donde la agilidad y la flexibilidad son competencias que requieren estar presentes en la mente de las personas, así como la capacidad para pedir y brindar apoyo cuando se requiera.

La dirección clara, como lo mencionamos, es fundamental y se complementa con dos conceptos adicionales: autonomía –capacidad de actuar conociendo alcances y limitaciones— y el apoyo –pedir o dar ayuda según las circunstancias—, esto permite decidir de forma objetiva, sustentada en hechos, con claridad y en tiempo; las acciones o decisiones centralizadas no pueden seguir siendo una opción.

En ambientes de reto e incertidumbre, el error es una condición latente, si llega a presentarse, tomarlo como aprendizaje, bajo el enfoque de la mejora continua, para no incurrir en él y al documentarlo sirva para otras personas como lección favorable.

Propiciar responsabilidades cruzadas ayuda a desarrollar competencias en más personas, con el fin de poder intercambiar responsabilidades basadas en lo que se presenta en el día a día al dar solución efectiva y viable.

Hay un par de cuestionamientos que son básicos comprender: «El qué hacer y el para qué hacer» la respuesta le da sentido al actuar de las personas, al tener claridad se buscan opciones para dar solución y tener nuevos aprendizajes, le energía es favorable y la persona con base en la pasión da lugar a la motivación, establece nuevos retos y actúa por convicción, viviendo con ello el desarrollo personal y la mejora.

Pregonar favorablemente con el ejemplo adquiere valor en condiciones de reto, contagia favorablemente la conducta de otras personas y hace que las cosas pasen, al lograrlo, las oportunidades estarán presentes y la crisis tenderá a desaparecer.

Podemos concluir con las siguientes ideas:

Cuando otros duden: decide

Cuando otros callen: comunica

Cuando otros conceden: se resiliente

Cuando pidan ayuda: apoya

Cuando haya incertidumbre: se trasparente

Cuando otros pierden tiempo: aprovéchalo

Como dice el refrán «No hay mal que dure 100 años ni enfermo que lo resista». Lo que nos lleva a pensar que las condiciones desfavorables son transitorias y finitas, de aquí la importancia de reconocerlas y sacar provecho de ellas, por otro lado, apoyar a las personas en su desarrollo para que con competencias nuevas o actualizadas puedan resolver y con ello «no enfermarse».

En pocas palabras replanteamos positivamente la frase mencionada:

«Ni un mal de 100 años, ni un equipo que se rinda»

La crisis no es eterna, la persona al manejar la incertidumbre de manera objetiva y efectiva determina que el equipo sea capaz de afrontar los desafíos a futuro.

¿Qué piensas al respecto?

Con gusto te escuchamos.