Prioridades que impulsan el éxito: La ruta estratégica para alcanzar los objetivos empresariales

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Empezaremos por definir lo que implica el éxito: ver más allá de la rentabilidad del negocio en el corto plazo, para ello es relevante mantener un equilibrio de manera sostenible entre el cumplimiento de metas orientadas por la visión, la atención y satisfacción de aquellos con los que se interactúa, de inicio internamente, para luego reflejarlos en las actividades en los mercados con una reputación favorable, lo que en consecuencia propicia condiciones rentables y financieras que consolidan y dan lugar al desarrollo organizacional y esto propicia la creación de valor hacia las personas en la organización, hacia los mercados, los clientes, los inversionistas y la comunidad.

Con el fin de alcanzar el éxito de manera integral y sistémica, es necesario tener un enfoque holístico, es decir ver más allá de las estrategias verticales – las de cada área en lo particular— integrando estrategias horizontales que intercomunican las verticales y permiten la gestión de la organización como un todo armónico, humano y orientado que tiene claridad y entendimiento de sus conceptos estratégicos y los pone en práctica.

El éxito no se basa en hacer todo, sino en enfocarse en lo que realmente importa. En un entorno empresarial donde las distracciones y las demandas constantes pueden diluir el esfuerzo, la claridad de rumbo guía a las personas hacia el logro de metas.

Buscamos identificar las prioridades que permitan alcanzar los resultados definidos desde la estrategia, para que cuando ésta se gestione sea de forma clara y alineada permitiendo objetividad y foco en la operación pensando en el cliente y en la efectividad.

El éxito en gran parte emerge de los conceptos estratégicos, de ahí la importancia de establecer y comunicar los enfoques de manera efectiva, priorizando lo relevante y dirigiendo los recursos, pensando en el largo plazo y atendiendo el presente.

Algunas recomendaciones:

Visión y Misión: comunicadas con claridad y objetividad para que toda la organización comprenda y se articule hacia el rumbo y logro definidos.

Estrategias y tácticas: que articuladas y con fundamento en la Visión y la Misión dan claridad de acción, seguimiento y validación.

Valores: pilares que sustentan la identidad de la organización.

Fin Común: articulación integral de las diferentes áreas de la empresa.

Ejemplo: se dice tanto con los hechos que las palabras sobran, ser congruente, coherente y consistente, como persona, deja buena huella.

Comunicación: clara, objetiva, en tiempo y forma evitando huecos informativos o espacios que crean incertidumbre.

Flexibilidad y adaptabilidad: ante condiciones de cambio constante y que requieren de respuestas efectivas en tiempo y forma.

Aprendizaje: buscar soluciones novedosas ante retos nuevos.

Autonomía y apoyo: balance indispensable en las relaciones interpersonales maduras con enfoque a la mejora continua.

Confiabilidad en procesos: con el fin de alcanzar los resultados independientemente del grado de experiencia o antigüedad de la persona en su responsabilidad, al tener claridad de acción los errores se minimizan y se incrementa la seguridad personal.

Tecnología: que trabaje para apoyar y facilitar la responsabilidad humana y le permita tiempo para enfoques analítico – sintético con el fin de buscar nuevas o mejores oportunidades y/o condiciones.

Medición: del comportamiento y de los resultados, la combinación adecuada de estos enfoques potencia los resultados favorables.

Cliente: razón de ser en cualquier organización; “Sin cliente no hay oportunidades” de ahí la relevancia de ponerlo al centro de las estrategias.

Claridad organizacional

Aspecto fundamental para que la persona en la organización entienda la razón de ser de su responsabilidad, lo que se quiere lograr y la intencionalidad del actuar.

Alineación desde la concepción de ideas, la planeación, la ejecución hasta la gestión integral de ellas, documentando resultados; manteniendo con el fin de mejorar y si hay errores aprender de ellos para no repetirlos.

La articulación de los resultados personales con los departamentales y los institucionales es básica; la vinculación de responsabilidades teniendo claridad en ir más allá, da oportunidades de crecimiento y desarrollo, considerando que la interacción tiene un impacto más favorable que las acciones individuales.

Informar sobre los resultados de forma objetiva, clara y basada en hechos, minimiza la incertidumbre y la posibilidad de comentarios sin fundamentos; si los resultados son favorables, estabiliza para posteriormente mejorar, de lo contrario buscar la causa raíz de la desviación con el fin de identificar las soluciones que erradiquen la falla y se logre el aprendizaje.

La información debe ser enfocada a nivel personal para comprender desde su perspectiva lo que los mensajes tienen como finalidad alcanzar, con el fin de identificar lo relevante y llevarlo a la práctica.

Es importante mencionar que la claridad parte del nivel directivo al crear el plan, la gerencia da continuidad al programar el trabajo y la operación al hacer realidad el programa. La interconectividad entre los tres niveles en la organización: crea el plan, programa el trabajo y trabaja el plan es básica, de ahí que la retroalimentación entre ellos de forma clara, fundamentada y objetiva incrementa la efectividad organizacional. Tan importante es la comunicación en cascada a nivel departamental como la vinculación interdepartamental.

La claridad es un punto de referencia para toda persona en la organización, donde los esfuerzos y las acciones se consolidan, se potencian y se enfocan con efectividad hacia el “Fin Común”. Se desarrolla como un ecosistema efectivo que propicia un sentido de propósito y pertenencia, elementos esenciales para la afectividad, la motivación, el compromiso y la acción de las personas.

Consolidación

Los responsables de departamento/área al tener claridad de las metas propias (metas que AMARE – Ambiciosa, Medible, Acción provocada, Realista y Específica) alineadas con el plan del negocio interactúan con otras áreas con el fin de identificar sinergias y posibles antagonismos, minimizándolos al buscar alternativas que negociadas potencien las condiciones favorables antes que la operación se lleve a cabo; esto refuerza la credibilidad de las personas y la intención de logro hacia el “Fin Común” dejando de lado excusas y justificantes buscando las oportunidades que la complementariedad de las personas y las áreas ofrecen.

Desarrollar reuniones interdisciplinarias o interdepartamentales además de mantener informadas a las personas propicia condiciones de innovación y mejor continua, que aunadas a recursos tecnológicos como Slack o Trello facilitan y alinean la operación.

Los indicadores, tanto del comportamiento (KBI’s) como del desempeño (KPI’s) , al ser reflejo de lo que sucede dan información objetiva para que al ser analizada permitan buscar consolidaciones, al ser favorables como planes de mejora y cuando se den desviaciones no favorables a lo estipulado como oportunidades de aprendizaje.

Hablar de lo que se hace y no de la persona que lo hace, incrementa favorablemente las oportunidades y mejora sustancialmente el ambiente de trabajo, lo que en consecuencia hace un mejor nivel de sentimiento, de logro y de pertenencia de la persona y esto se refleja favorablemente en la operación y lo más importante en la experiencia del cliente.

Identificar “mejores prácticas” y darlas a conocer abre oportunidades de mejora en las personas, “pueden ver lo que no se ve” y asociar conductas y acciones favorables con ajustes mínimos.

Recursos

Tan importante es tener la claridad de rumbo como los recursos necesarios para hacerlo realidad, de relevancia a considerar:

Recurso humano: personas que tienen las competencias reales o potenciales para el desempeño efectivo de la responsabilidad, que cuentan con el tiempo necesario y los procesos de formación integral para lograrlo.

Recurso financiero: tener claridad del impacto por costos y gastos de cada proyecto con el fin de validar la viabilidad antes de crear expectativas sin fundamento. Si se cuenta con ellos, tener el flujo de caja necesario para la sana continuidad y no afectar los resultados ni la moral de las personas. Como en todo proyecto, es recomendable considerar un recurso de contingencia por imprevistos a lo largo del tiempo.

Recurso material: equipo, maquinaria, tecnología, necesarios en las diferentes etapas del proceso que se planeó con anticipación, así como los espacios e infraestructura necesarios para el cumplimiento en tiempo y forma de acuerdos.

Información: confiable, sustentada en hechos, objetiva, clara y necesaria – tanto daño hace la falta como el exceso de información.

El exceso en un tipo de recurso no justifica la falta en otro, de ahí la importancia de la planeación para buscar el nivel adecuado entre ellos y poder minimizar los riesgos de incumplimiento o desviación.

Seguimiento

Con frecuencia se escucha la frase “orden dada y no supervisada es olvidada”, de aquí que el seguimiento es un aspecto fundamental independientemente del área que se trate; importante evitar “micromanagement”.

Se pretende, en función de momento y circunstancia, convertir los planes y programas en realidad, mantener la confiabilidad de los procesos, fortalecer la relación interpersonal y desarrollar confianza, así como crear la cultura que fomente la mejora continua en todos aspectos. 

 Es importante balancear los indicadores del comportamiento (KBI’s), con los del desempeño (KPI’s), ya que se presta atención a la forma y al impacto en que las personas y los departamentos / áreas alcanzan los resultados.

Conclusión

El éxito en las organizaciones es consecuencia de disciplina, compromiso y convicción por hacer realidad los acuerdos eliminando las justificaciones; los problemas y situaciones adversas están presentes a lo largo de toda actividad humana. Lo que hacen las personas y empresas exitosas, los enfrentan y buscan alternativas de solución, al contar con planes, programas, acciones y retroalimentación clara y objetiva, la probabilidad para reaccionar ante imprevistos se incrementa, sin tener que vivir condiciones desfavorables o innecesariamente negativas (distrés), dando lugar al estrés favorable (eustrés).

Cada vez que se presenta un reto y se resuelve de manera favorable, el ánimo y compromiso crecen y al verse como oportunidades el enfoque es positivo desde un inicio.

El éxito verdadero se percibe por la determinación de las personas por hacer realidad los compromisos y por el espíritu de superación que se refleja a nivel organizacional.

El éxito es el resultado de intenciones y acciones alineadas.

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